sábado, 7 de junio de 2008

Ella

Y estaban sus besos, todos sus besos sin dueño. Iban y venían por su boca, sin saber a donde ir, donde hacer noche. Y ella sentía que el deseo le quemaba la boca, que su boca besaba el deseo. Y en la punta de sus dedos, en la palma de su mano, las caricias que no había dado. El grito de su piel pidiendo piel. La presencia de todo lo ausente, la repetición sucesiva, circular y viciosa de todo eso que no fue, que nunca existió. Todas esas “ganas de”, que como polvo se posaban en su mano, en su boca, y allí permanecían, sin dueño, como un regalo olvidado.

2 comentarios:

Diego López dijo...

Las repetidas ganas de resucitar en una piel que se parece a la misma, de sentir eso que de vida, y no que se la robe.

Qué bueno poder encontrar tu poesía.

virginia dijo...

El deseo de volar, ponerle un nombre a la boca y darle identidad: que suba, que baje, que inquiete, que apriete. así es el deseo.
ciclotimia permanente, que nos lleva más allá. nos tienta, nos absorbe, nos despierta.
tan solo eso: fundición de almas, que se creen piel.

(me desubiqué volando demasiado.. ^^
jeje, es que me gustó mucho!)

besos