viernes, 25 de julio de 2008

De una conversacion rara

Yo: lo amaste?
V: si
Yo: lo besaste mucho?
V: creo que no lo suficiente..
Yo: suficiente para quien?
V: primero para mi.. y seguramente tampoco para el
Yo: lo abrazaste cuando querias?
V: si.. pero el igual que vos.. decía que lo abrazaba poco
Yo: lo amaste?
V: jaja ya preguntaste eso
Yo: digo si lo amaste? mas alla de la palabra, en la cama, en la cocina, en el suelo, en un sillon, si amaste cada parte, desnuda?
V: no



Armo y desarmo
Hoy me voy de viaje
Y armo y desarmo

Por todos lados pedazos
¿Pedazos de qué?
No se
Pero ¿Pedazos de qué?

Y encuentro una ventana
Que titila, pestañea
Sos vos que me hablas
Y armo de nuevo
Y vamos juntos desarmando

Armamos
Y el mundo es absurdo
Y los dos lo sabemos
Pero no importa
Vamos a armar
No hay tiempo de pensar en consecuencias

Armo
Otra vez
En el aire
Y desarmo
Hoy me voy de viaje
No funcionaria

Armo
Trato de
Pero no encuentro más pedazos
Pero ¿Pedazos de qué?
De lo que fue?
De lo que siempre es? De las mismas calles? De las mismas puertas?
De las mismas caras deformadas por el vidrio del fondo de los vasos de cerveza?
Una y otra vez
En mi esta todo
Y es mentira
En cuanto yo soy parte de todo
Y no podría estar otra vez en mi mismo
Una doble negación de mi existencia
La de todos.

En fin, ¿Pedazos de qué?
De todo
Y de nada
Del vació
La intemperie
De este yo que nunca soy, fui, ni seré.

lunes, 21 de julio de 2008

Centro I

Otra vez este centro. Estos autos. El asfalto mojado. El olor a lluvia, el olor a gotas muertas. Me recuerda que hay algo, un residuo, una vaciedad. Aun sin nombre. De todo lo que fue. Que como todo lo que fue, todo lo que es, es en algún momento vació. Quizás antimateria.
Pero es otra vez el centro. Las luces. Las personas. Estas ganas terribles de sentarme en el bar. O en cualquier bar que se parezca al de entonces. Pero el hay es distancia. El hay es más que cualquier otra cosa “distancia”. Hoy. Mañana. Siempre que se crucen sus ojos. El lunar en su espalda. Su boca de seda. Sentir su calor, llegar de la nada. ¿Dónde estaban sus labios?, ¿Dónde me besaba?
Sigue siendo el centro. Las veredas. Sucias y mojadas. La peatonal, muda, como de espera. Mis manos mojadas en busca de abrigo. El papel, el tabaco, un filtro, mi cigarrillo. La angustia, reflexiones, la duda, conclusiones sin sentido. Esta noche es el centro, y su gris exagerado. La neblina sacada, de un cuento, de Londres. Si parece la ciudad entera un enorme cementerio. Y yo. Muerto vivo entre los muertos. Uno mas que amanece temblando.

domingo, 20 de julio de 2008

La Memoria

Hoy aprieta su mano. Le jura amor eterno. Hoy aprieta sus labios con un violento beso.
Hoy, no es hoy. Hoy es ayer. Pero ayer no es más, que mas parte de hoy. Y también fue el ayer esperanza contenida, hoy, en desilusión. Hay espacio aun sin tiempo. Hay espacio aun sin tiempo.

Historia de amor

Se reciben
Se abrazan
Se besan
Se despiden

Se reciben
Se abrazan
Se besan
Se despiden

Se reciben
Se abrazan
Se besan
Se despiden

Se reciben
Se besan
Se abrazan
Se desvisten
Se besan
Se abrazan
Se acarician
Se persiguen
Se conocen
Se besan
Se gustan
Se visten
Se abrazan
Y no
Ya no se despiden

jueves, 17 de julio de 2008

Fuiste

Un catalogo de rechazos
Un imaginario entristecido
Un película aburrida
Una historia repetida
Una carta de despido
Una muerte sin sentido
Una letra diminuta
Una coma en cada línea
Una tarde de verano
Una casa humedecida
Un milagro arrepentido
Un exceso de cuidados
Todo un cielo enrarecido

Un amante arrepentido
Un infierno sin pecados
Un carmín nuevo guardado
Un silencio en el pasillo
Una cama siempre quieta
Una flor entre las páginas
Una eterna cenicienta
Sin ninguna hada madrina

sin ti, tu, lo

Te escribo con violencia
con recelo gastado
con esta maldad
de niño engañado

Te escribo con las manos
cargadas de odio
con los dedos sedientos
de lagrimas
de sangre

Y te escupo a la cara
todo esto que olvidas
arrojando a la calle
tus monedas
tu mentira
Riéndome
frenético, casi loco
de tu eterna agonía.

Me entristece verte
con los pies descalzos
la mirada perdida
con las manos al cielo
soñando otra vida.

Y quisiera pegarte!
te lo juro lo haría!
para ver si te enteras
para ver si espabilas…

domingo, 13 de julio de 2008

No me trates de loco, cobarde
No me digas que no te di el tiempo
No me hagas escenas de celos
No me esperes si tú no me llamas.

No me importa encontrarte en la calle
No me asusta tenerte a mi lado
Si te cruzo ha de ser el destino
No le niego una copa al pasado.

No me llames sino quieres verme
Ni me dejes entrar a tu casa
Si llego y abres la puerta
No pretendas que espere en la sala.

No sabré escuchar tus razones
Ya no habrá una parada en tu ombligo
No te asustes si sientes mis manos
No quisiera dormir tan vestido.

No me digas que no es el momento
No me tengas mirando la nada
No me invites a ver las estrellas
Dime vente conmigo a la cama.

miércoles, 9 de julio de 2008

Anoche II

No salí buscarte. Nunca, si quiera, se me habría ocurrido buscarte.
Pero llegue. Y ahí estabas. De repente apareciste, saludando, entre la gente. Primero a mi amigo, que era de hecho tu amigo, después a mi, por la cortesía de saludar a un compañero, a un conocido. Y me presentaste una amiga, que no paraba de hablarme, y yo que no escuchaba nada, y ella me ofrecía un chicle, y yo no la escuchaba, y ella miraba los chicles, y yo tomaba uno, y ella sonreía, y yo le agradecía, y ella que otra vez hablaba, y yo que no entendía, y ella me ofrecía agua, y yo que no quería, y ella que se reía, mientras bailaba, y yo que no podía dejar de mirarte. Y mientras te miraba, pensaba todo lo que ya había pensado, todo lo que ya sabia, que no había forma que te fijaras, en mi, que yo acaso fuera una duda. Por eso tu amiga, por eso mi amigo. Y entre los pensamientos, vos bailando, tu amiga sonriendo, una cerveza, mi amigo, el humo excesivo, vos pidiendo canuto, vos sonriendo otra vez. A lo largo de la noche bailamos, no dejaba de mirarte, no podía evitarlo. Ibas y venias. Algunas veces quedamos solos, y mi amigo buscaba excusas para irse, y yo no entendía por qué se iba, y me dejaba solo, con vos, y tu amiga, con lo que a mi me cuestan esas situaciones. Pero paso la noche, y me fui sin saludarte, y no es sino ahora que lo recuerdo.
Ya en el auto. Volviendo. Con los restos de la noche, con esos pegotes oscuros en el cielo, que no quieren ser día. Mi amigo me pregunta por qué no te busque, por qué no me fui a dormir en tus labios. Dos cuadras de explicaciones sin sentido, y su confesión me congela, “boludo te estaba buscando, ella te estaba buscando”. Ya en el auto. Volviendo. Con los restos de la noche, con esos pegotes oscuros en el cielo, que no quieren ser día...

martes, 8 de julio de 2008

Anoche I

De la barra me pase a sus ojos, para que en la oscuridad del misterio, ella, devorara mi carne, mi concepto, mi cuerpo entero. Fue tan solo una mirada, no. Fueron dos estoy mintiendo. En la primera, escape corriendo, busque refugio en las botellas de la barra. La segunda fue mi culpa, y aun así sentí ese miedo. Pero no aleje mis ojos, y corriendo de mi paso a su amiga, salí a buscarla, directo. No dejaste de mirarme, y yo no podía evitarlo. Hubo un grito, de su amiga, y después mucho silencio. Hubo todo eso que me imaginaba. Hubo labios desmedidos, hubo cuerpos apretados, hubo manos de rapiña, hubo dedos apretados. En tus labios fue el olvido, fue la noche que gritaba. No existieron las palabras. Una y otra vez me presionabas, con tus manos a tu cuerpo, respirábamos un mismo aire, un mismo aire ya viciado. Un mismo aire que decía, como eramos por dentro.

viernes, 4 de julio de 2008

Inutil II

Para qué mirarte
Para qué pensarte
Para qué sonreírte
Para qué soñarte

Para qué cuidarte
Para qué seguirte
Para qué esperarte
Para qué buscarte

Para qué arreglarme
Para qué llamarte
Para qué escribirte
Para que invitarte

Para qué subirte
Para qué bajarte
Para qué insistirte
Para qué llorarte

Para qué escucharte
Para qué enseñarte
Para qué sufrirte
Para qué encontrarte

Inutil

De que sirve todo esto si lo que quiero es gritarte al oido…

De que sirve todo esto...

martes, 1 de julio de 2008

Fragmento III

Salio caminando como cada viernes de Ciudad Universitaria, sin demasiadas expectativas de un encuentro programado. Camino hasta el coche y emprendió el regreso a casa. Abrió la misma reja, con la misma llave, y se pregunto si quizás esta noche vendría. Al subir al coche nuevamente ya pensaba en qué comería, mientras cruzaba el portón, estacionaba bajo el quincho, apagaba el motor, y cerraba nuevamente. Encendió el mismo horno, de la misma cocina, con la misma caja de fósforos “Gran Fragata” y se dijo a si misma “otra vez la misma pizza”. No comió demasiado, casi casi lo necesario, y pensó si quizás hoy la llamaría. Para cuando subía las escaleras una entrega para historia ocupaba su cabeza. Se sentó en la maquina y sintió un cosquilleo, que paseaba en ascensores de su boca a su pecho. De su pecho a su entrepierna. Pero el Messenger pedía “usuario” y “contraseña”, y se sintió tan extraña, como muy ajena.
Ya eran las 5, las 6, las 6 y 30 y no se conectaba. Se preguntaba si estaría dormido, y por qué no la llamaba. Pero quiso nuevamente perderse en los apuntes. Olvidar en la historia. Y justo antes del martes 29 de mayo de 1453, justo antes que los turcos hicieran historia, el teléfono sonaba y cambiaba la historia. Al menos su historia. Abrió lentamente la casilla de mensajes, como disimulando ante si misma su entusiasmo, su presentimiento acalorado y nervioso.
“Que haces esta noche? Hacemos algo?” .
Leyó. Y se perdió en contradicciones. Una guerra interminable, sin sentido y desprolija, entre todos sus deseos y los buenos modales. Esperó algunos minutos, por razones que desconocemos, y esbozo una respuesta fría, casi muerta, que escondía sus deseos, sus pecados mas pecados. Un nuevo mensaje llego casi al instante. Desvergonzado e insistente, como adivinando sus cadenas. Para que solamente quedara en sus manos el simple trabajo de responder un “Dale, te espero”, que a ella tanto le costaba. Con esa calidad, de auto-convocado él llego esa misma noche. Y mientras comían ella huía a todas sus miradas, y él buscaba alcanzar sus ojos con los suyos, sus piernas con sus manos. Respirar su mismo aire. Era presa de su acecho. No dudaba en abrazarla, para sentir todo su cuerpo, para sentir el delicado perfume que habitaba en su cuello. Y ella hacia lo posible por evitar el contacto, yendo en contra de su cuerpo. De sus muslos que temblaban, de su pecho que despertaba. Su piel era un manto donde pernoctaban los deseos. Sentía que él respiraba sobre su abdomen, y jugaba por su cuerpo. Descendía y dibujaba mil sabores con sus dedos. Pero no se permitía entregarse por completo. Como en relación inversamente proporcional mientras más lo deseaba, menos besos entregaba. Y una vez mas el placer se desataba en un disturbio en su entrepierna, y un ejército de soldados, encarnados ahora en dedos, disparaba a quemarropa. Y se expandía por sus piernas, separando sus rodillas, y subía por su espalda, disipando por sus pechos un calor desmesurado

Fragmento II

“…Te lleve hasta lo alto. Lo más alto que alguien pudo llevarte. Para que conmigo saltaras al vació. Al vació infitino, donde no existe otra lengua que el milagro de tus labios, donde la felicidad se refleja en lo infinito, en lo infinitamente incompleto. Pero aun tenías alas y querías volar, no pudiste con el miedo de lanzarte al vació, de dejarte llevar...”