Salio caminando como cada viernes de Ciudad Universitaria, sin demasiadas expectativas de un encuentro programado. Camino hasta el coche y emprendió el regreso a casa. Abrió la misma reja, con la misma llave, y se pregunto si quizás esta noche vendría. Al subir al coche nuevamente ya pensaba en qué comería, mientras cruzaba el portón, estacionaba bajo el quincho, apagaba el motor, y cerraba nuevamente. Encendió el mismo horno, de la misma cocina, con la misma caja de fósforos “Gran Fragata” y se dijo a si misma “otra vez la misma pizza”. No comió demasiado, casi casi lo necesario, y pensó si quizás hoy la llamaría. Para cuando subía las escaleras una entrega para historia ocupaba su cabeza. Se sentó en la maquina y sintió un cosquilleo, que paseaba en ascensores de su boca a su pecho. De su pecho a su entrepierna. Pero el Messenger pedía “usuario” y “contraseña”, y se sintió tan extraña, como muy ajena.
Ya eran las 5, las 6, las 6 y 30 y no se conectaba. Se preguntaba si estaría dormido, y por qué no la llamaba. Pero quiso nuevamente perderse en los apuntes. Olvidar en la historia. Y justo antes del martes 29 de mayo de 1453, justo antes que los turcos hicieran historia, el teléfono sonaba y cambiaba la historia. Al menos su historia. Abrió lentamente la casilla de mensajes, como disimulando ante si misma su entusiasmo, su presentimiento acalorado y nervioso.
“Que haces esta noche? Hacemos algo?” .
Leyó. Y se perdió en contradicciones. Una guerra interminable, sin sentido y desprolija, entre todos sus deseos y los buenos modales. Esperó algunos minutos, por razones que desconocemos, y esbozo una respuesta fría, casi muerta, que escondía sus deseos, sus pecados mas pecados. Un nuevo mensaje llego casi al instante. Desvergonzado e insistente, como adivinando sus cadenas. Para que solamente quedara en sus manos el simple trabajo de responder un “Dale, te espero”, que a ella tanto le costaba. Con esa calidad, de auto-convocado él llego esa misma noche. Y mientras comían ella huía a todas sus miradas, y él buscaba alcanzar sus ojos con los suyos, sus piernas con sus manos. Respirar su mismo aire. Era presa de su acecho. No dudaba en abrazarla, para sentir todo su cuerpo, para sentir el delicado perfume que habitaba en su cuello. Y ella hacia lo posible por evitar el contacto, yendo en contra de su cuerpo. De sus muslos que temblaban, de su pecho que despertaba. Su piel era un manto donde pernoctaban los deseos. Sentía que él respiraba sobre su abdomen, y jugaba por su cuerpo. Descendía y dibujaba mil sabores con sus dedos. Pero no se permitía entregarse por completo. Como en relación inversamente proporcional mientras más lo deseaba, menos besos entregaba. Y una vez mas el placer se desataba en un disturbio en su entrepierna, y un ejército de soldados, encarnados ahora en dedos, disparaba a quemarropa. Y se expandía por sus piernas, separando sus rodillas, y subía por su espalda, disipando por sus pechos un calor desmesurado
Surrender & Feel it
Hace 11 años
3 comentarios:
Sin palabras... Sensaciones que traspasan las palabras haciendo que cobren vida..
Estática observo la noche,
intento esconder el dolor.
Regreso al lugar donde el amor
y el sentirse bien no costaba nada.
Y el dolor que sientes
es otro tipo de dolor.
Un abrazo, amigo escritor/mago..
como diría Virginia :)
faaa q continue, se rendira a sus deseos¿?, o ganara el orgullo, los recuerdos, aquellos q llegaron dentro y tambien dolieron... se dejara fluir con la briza del abismo, o seguira observando con llantos en los ojos desde lo alto...
Algo q debo aprender es a decir no, pero cuando mis impulsos son tan fuertes, todo lo ciega, hasta aquellos recuerdos, hasta aquella despedida...a veces tendria q poder decirle no, pero no me niego cuando quiero algo.
Muchachit0o debemos de habernos cruzado por la facu, mientras tanto te leo y te conosco desde las palabras, desde este rincon, desde este mundo.
muchio0s bes0os y espero0 el fragmento IV...abra¿?
Y mis dedos eran armas que disparaban en tu cuerpo.
Sensibles al roce de tu piel que parpadeaba un -no disponible - en un messenger cobarde.
Me atrevo a seguir leyendo la magia del encanto de una piel que grita,con heridas, no lastimarla jamás.
che che che che!!!
Te faltaron dos cosas de poner:
* .-to be continued-.
* (¿Cómo se va dormir uno despues de leer esto?)
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